La pregunta con la que suele empezar todo esto es «¿dónde metemos IA?».
Una consultoría de inteligencia artificial sirve para decidir con criterio: analizamos procesos, herramientas y datos, y señalamos qué proyectos son viables, cuáles compensan y en qué orden conviene abordarlos. El entregable es una hoja de ruta, no una demo.
Una conversación sobre cómo trabaja su equipo
De ahí sale el diagnóstico. No hace falta que traiga nada preparado.
¿Qué nos está costando tiempo o dinero?
Empezar por aquí, y no por el catálogo de herramientas, es la diferencia entre un proyecto que se usa y uno que se abandona a los tres meses.
¿De eso, qué se puede resolver con tecnología?
Muchas veces la respuesta no es un agente de IA: es conectar dos aplicaciones o corregir cómo se recogen unos datos.
¿Y qué conviene dejar exactamente como está?
Si tras el análisis no vemos un caso que compense, se lo diremos. Es un resultado válido de una consultoría.
El análisis toca operativa, tecnología y datos. Los tres, porque un fallo en cualquiera hace inviable el proyecto.
El orden importa tanto como la elección. Estos son los frentes que suelen salir priorizados.
Los que se repiten lo suficiente, tienen reglas claras y aplicaciones que permiten integrarse. Se aborda desde la automatización de procesos.
Las conexiones que desbloquean varios procesos a la vez. Suelen ser el mejor primer proyecto: integración de software y CRM.
Qué hay que arreglar en la recogida antes de que cualquier informe sea fiable. Es la base de la analítica de datos.
Dónde una conversación aporta algo que una automatización no resuelve. Se concreta en agentes de inteligencia artificial.
No hace falta transformar la empresa de una vez. Se coge un proceso, se pone en marcha, se mide si realmente ha ahorrado tiempo, y con ese dato se decide si se amplía.
Antes de proponer una herramienta nueva miramos qué tiene ya contratado. En muchos diagnósticos, buena parte de lo que hace falta está en las soluciones Microsoft que la empresa paga desde hace años y no ha llegado a usar.
Como empresa de mantenimiento informático y ciberseguridad, la IA la abordamos dentro de la infraestructura que ya gestionamos, no como un proyecto aislado.
Lo que suele preguntarse antes de contratar un diagnóstico.
Un informe con el mapa de procesos y tiempos, las herramientas actuales y su capacidad de integración, el estado de los datos, los casos de uso viables con su coste aproximado, lo que conviene descartar y por qué, los requisitos de seguridad y un próximo paso concreto.
Se lo decimos. Es un resultado válido de una consultoría y aparece por escrito en el informe. Preferimos eso a vender un proyecto que se abandona a los tres meses.
No. Parte del trabajo es precisamente ver en qué estado están y qué haría falta corregir. No hace falta que traiga nada preparado a la primera conversación.
No. El entregable es una hoja de ruta, no un contrato de implantación. Puede ejecutarla con nosotros, con otro proveedor o con su equipo interno.
Lo relevante no es el tamaño, sino tener tareas repetitivas, información duplicada entre aplicaciones o procesos que hoy dependen de que alguien se acuerde.
De ahí sale el diagnóstico. No hace falta que traiga nada preparado.
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