Nuestro equipo de expertos en ciberseguridad se ocupará de proteger su empresa.
Ofrecemos soluciones personalizadas que se adaptan a sus necesidades específicas de seguridad.
Es la confusión más habitual cuando alguien pide precio, y conviene deshacerla porque el alcance y el coste cambian bastante entre las tres.
El análisis de vulnerabilidades revisa infraestructura, aplicaciones y dispositivos buscando fallos ya conocidos. Señala qué puertas están mal cerradas, pero no las cruza.
El pentesting sí las cruza. Se ataca de forma controlada para ver hasta dónde se llega y qué se puede hacer una vez dentro, recorriendo el mismo camino que seguiría alguien con malas intenciones.
El hacking ético es un pentesting sin objetivo acotado. No hay una lista cerrada de sistemas que probar: todo entra en juego salvo lo que se excluya por escrito antes de empezar.
Si en su empresa no se ha revisado nunca nada, lo razonable es empezar por el análisis. Los otros dos rinden cuando ya hay medidas puestas y lo que se quiere saber es si aguantan.
La parte defensiva es la menos vistosa y la que más disgustos evita: un cortafuegos bien configurado, protección de puestos que vaya más allá del antivirus de siempre, el correo filtrado y unas copias de seguridad que alguien compruebe de vez en cuando.
En el correo está el grueso de lo que llega hoy. Facturas falsas y el fraude del CEO, ese mensaje del gerente pidiendo una transferencia urgente que no ha escrito nadie de la casa. Va con detalle en protección de correo.
Y no es cuestión de tamaño. Una oficina de dos personas o una tienda con un solo TPV reciben los mismos intentos, porque casi nunca es un ataque dirigido: es un barrido automático que entra por donde encuentra hueco.
Cuando aun así ocurre, está el seguro de ciberataque, que cubre el perjuicio económico y aporta contención técnica y primera respuesta. Lo que evita que ocurra es todo lo anterior.
Servidores, accesos y web dan señales antes de fallar, pero solo si alguien las mira. Las webs son el caso más claro: se montan, se entregan y ahí se quedan, con WordPress o Prestashop desactualizándose durante meses hasta que alguien encuentra el hueco. De eso va la monitorización web.
Con los servidores y los accesos ocurre algo parecido, salvo que ahí lo que se para no es una página: es la operativa entera.
La vigilancia digital mira hacia fuera en lugar de hacia dentro. Credenciales de la empresa filtradas, dominios parecidos al suyo registrados por alguien, suplantaciones en redes. Cosas que aparecen antes del incidente y que normalmente nadie está buscando.
Se puede invertir mucho en cortafuegos y perderlo todo porque alguien abrió un adjunto. Por eso damos formación, y también tests de ingeniería social: se manda un phishing controlado y se mide quién pica, con nombre y apellidos.
El dato incomoda. También es lo único que consigue que la siguiente sesión se tome en serio.
Por saber qué hay. Un análisis de vulnerabilidades da el mapa: qué está expuesto, qué lleva sin actualizar y qué se resuelve con poco. Con eso delante se ordena por prioridad y por coste, y no hace falta contratarlo todo de golpe.
No, y la razón es que la mayoría de los ataques no eligen víctima. Son barridos automáticos buscando sistemas sin actualizar. Una gestoría de cinco personas y una empresa de doscientas reciben los mismos intentos; lo que cambia es la capacidad de aguantar el golpe.
Un antivirus reconoce lo que ya está catalogado. Un sistema de protección de endpoint vigila además cómo se comporta el equipo, que es donde se detecta lo que todavía no tiene nombre. Es la diferencia entre el ransomware que se para a tiempo y el que acaba cifrando la carpeta compartida.
No. Cubre el perjuicio económico y aporta contención y primera respuesta cuando el incidente ya ha ocurrido. Sirve para levantarse antes, no para no caer.
No. Se ordenan por lo que más riesgo quita en cada caso. Hay empresas que con el correo protegido y unas copias que de verdad se comprueban ya han cubierto la mayor parte de lo que les puede pasar.
Cuando la inteligencia artificial entra en la operativa, el criterio es el mismo que aplicamos aquí: identidades, permisos y trazabilidad. Lo explicamos en soluciones de IA y automatización y, en detalle, en agentes de inteligencia artificial.
